Entender el lugar que ocupa la ciberadicción en la vida del consumidor y su relación con este comportamiento le permitirá tomar consciencia de su problemática.
En términos de tratamiento, la ciberadicto
necesita un enfoque similar a las otras adicciones. Aun sí no hay sustancias
psicoactivas, el ciberadicto desarrolla nuevos circuitos neuronales de placer
que lo llevan a preferir escaparse al mundo virtual y obtener un placer
inmediato.
La omnipresencia del internet en todos los
ámbitos de nuestras vidas puede generar, en ciertas personas, un uso
problemático de esta herramienta o con algunas de sus aplicaciones.
La ciberadicción, la dependencia al internet, el uso patológico o problemático de internet son términos de uso frecuente para describir estas dificultades.
La ciberadicción como las otras adicciones
se manifiesta con un deseo incontrolable e insaciable de hacer uso del
internet. La ciberadicción obedece el mismo principio que el de los trastornos
adictivos y la persona que lo sufre, desarrolla una obsesión a medida que sus
actividades se centran cada vez más y más en este comportamiento. La obsesión
por las actividades en línea termina por alejar al consumidor de la realidad.
Aunque en la actualidad la ciberadicción no
es debidamente reconocida como un diagnóstico, los escritos científicos indican
que puede manifestarse a través de diferentes actividades en línea (Young, s.
d.; Young y al., 2000; APA, 2013) ;
• Las
actividades en línea con carácter sexual (adicción al chat entre adultos y a la
pornografía)
• La ciberadicción de carácter relacional (relaciones cibernéticas y redes sociales, sitios para encontrar amigos de manera individual o grupal que remplazan los encuentros sociales en persona)
• El uso compulsivo de internet (juego de forma compulsiva en internet, transacciones en línea o un comportamiento obsesivo de compras y ventas)
• La sobrecarga de información (la búsqueda de información y navegación obsesiva)
• Los
videojuegos en línea (el uso persistente y repetido de internet para jugar, a
menudo con otros jugadores, que conduce a una alteración del funcionamiento o
un riesgo clínicamente significativo)
Si bien todos podemos volvernos adictos al
internet, hay ciertos elementos que pueden ayudar a desarrollar esta adicción
en algunas personas. Como, por ejemplo: el tener mucho tiempo libre o tener un
horario flexible, el poder permanecer en el anonimato en las interacciones que
se mantienen en la web y de ese modo crearse una o más identidades virtuales. O
también la facilidad de tener acceso a internet (las 24 horas del día) hoy en
día y su disponibilidad a bajo costo.
Según los textos científicos, parece que
los hombres utilizan el internet en búsqueda de poder y control, pero también
para sus fantasías sexuales. Por otro lado, las mujeres buscan más hacer
amigos, apoyo, parejas y prefieren comunicarse anónimamente para ocultar su
apariencia. Asimismo, este “fenómeno" alcanza a más y más jóvenes de menos
de 20 años que pasan las noches enteras jugando videojuegos en línea. Gracias
al internet, esta pasión por el juego se ve amplificada por el hecho que ya no
juegan solos, sino también contra otros usuarios.
Según el Centro de Adicciones y Salud
Mental, hay principalmente tres fases que los usuarios de la web atraviesan
antes de convertirse en adictos.
1.
El uso regular: La persona
tiene acceso a la computadora, se informa y se familiariza con las aplicaciones
en línea y comienza su uso regular. Se desarrolla una identidad virtual.
2.
La sustitución: El universo
virtual llega a sustituir lo que la persona no puede encontrar en la vida real
(tener una red social, amigos, etc.). El usuario que vive de forma solitaria,
con problemas de pareja, estrés, aburrimiento, problemas financieros, baja
autoestima, etc. se siente más seguro.
3.
El escape: Se utiliza el
internet cada vez con más frecuencia y durante periodos más prolongados. El
usuario se siente tranquilo, pacífico y feliz en su mundo virtual. Y utiliza el
internet para lidiar con algunas emociones desagradables, quiere pasar más
tiempo en línea y descubre que nunca hay un buen momento para terminar la
sesión.
El ciberadicto
tenderá a aislarse del mundo real y a refugiarse en el mundo virtual. Este
nuevo mundo tiene ventajas sobre el mundo real ya que le permite satisfacer sus
deseos sin las restricciones del mundo exterior. Por consecuencia, tiene la
sensación de controlar su entorno y, por lo tanto, recurrirá cada vez más a él.
Al igual que las personas adictas a las sustancias, el ciberadicto desarrollará
preocupaciones sobre el internet. Por lo general, el ciberadicto querrá aún
más. Ya que necesita sensaciones cada vez más fuertes.
El uso del
internet sobrepasa la duración inicialmente prevista, o se manifiesta por la
necesidad de permanecer siempre unos minutos más en línea que hacer otra
actividad ya programada. De esta manera, la persona puede quedarse conectada
toda la noche a pesar de que había planeado dormirse temprano. Por
consecuencia, hay un aumento en el umbral de tolerancia.
Como ocurre con
otras adicciones, los ciberadictos resisten la necesidad de buscar ayuda y
racionalizan su comportamiento mientras niegan el problema. El ciberadicto se
refugia en la negación (“déjenme tranquila, yo no molesto a nadie”, etc.) y
puede volverse agresivo e irritable cuando las personas que lo rodean intentan
confrontarlo con la realidad. Esto pone en peligro sus relaciones afectivas y
profesionales. Además, la ciberadicción puede generar problemas físicos
(secundarios a un mal estilo de vida, falta de sueño, mala alimentación, etc.),
sociales, financieros e incluso psicológicos (ansiedad, depresión,
irritabilidad, etc.). Los ciberadictos suelen tener otros trastornos
psiquiátricos u otro tipo de dependencia.
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